Que nadie en Afganistán se quede atrás

Apelar en pro de un enfoque colectivo centrado en las personas para el tratamiento del hambre. Un estudio de caso.

Casi cuarenta años de conflicto han afectado profundamente a Afganistán. A pesar de los esfuerzos para estabilizar el país, la situación de seguridad sigue deteriorándose. Esto fue lo que llevó a las Naciones Unidas (ONU) el año pasado a volver a clasificar al país, y de ser uno en posconflicto pasó a ser un país en conflicto activo. Mientras que los diálogos de paz entre el Gobierno de Afganistán y el principal grupo armado no estatal continúan, el conflicto entre los diferentes actores en todo el país sigue intensificándose. Los ataques contra civiles y trabajadores humanitarios, incluyendo varias violaciones graves del derecho internacional humanitario, han aumentado, y 2018 se ha encaminado a ser el año más mortífero registrado para los civiles en Afganistán. Entre enero y septiembre de 2018, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) ha documentado 8 050 víctimas civiles, incluyendo 2 798 muertes, siendo estos los nueve meses más mortales desde 2014. Cada vez más, tales ataques están dirigidos directamente a poblaciones civiles y, en algunos casos, a grupos minoritarios específicos, los cuales, hasta el momento, representan el 45 % de todas las víctimas civiles de 2018.

Esta crisis de seguridad que sigue empeorando, combinada con un crecimiento económico lento, ha traído como resultado una pobreza generalizada, y se considera que alrededor de 55 % de la población vive por debajo del umbral nacional de pobreza. Esto es un declive considerable en comparación con el 38.3 % registrado para 2012-2013, y que representa un aumento de 5 millones de personas que viven en condiciones de pobreza. En las zonas rurales, la tasa es incluso más alta: casi 60 % de la población rural vive en condiciones de pobreza. El acceso económico que estas familias tienen a comida y otros artículos esenciales se reduce cada vez más, lo que conduce a la inseguridad alimentaria, ya que dos de cada cinco personas carecen de cantidades adecuadas de productos nutritivos, proteínas, y micronutrientes en su consumo de alimentos.

Las sucesivas olas de violencia han provocado que una gran cantidad de personas tenga que huir. El año pasado, cada día en promedio 1 200 personas se vieron obligadas a huir de sus pueblos hacia refugios seguros, a menudo en centros urbanos. Además, se estima que 2 millones de personas han regresado a Afganistán desde 2015, en gran parte de países vecinos como Pakistán e Irán, e incluso muchos que han intentado buscar asilo en Europa.

En la Conferencia de Bruselas, sostenida del 4 al 5 de octubre de 2016, la comunidad internacional se comprometió a proporcionar $15.2 mil millones hasta 2020 para apoyar las necesidades de desarrollo de Afganistán. Sin embargo, el impacto positivo que se esperaba de esta inversión sigue siendo socavado por una crisis humanitaria, un desplazamiento continuo y un alto nivel de necesidades crónicas y que no han sido cubiertas. Dichos desafíos se ven agravados aún más por la inseguridad (que restringe la capacidad de los trabajadores humanitarios para llegar a las poblaciones necesitadas e impide que las poblaciones tengan acceso a la asistencia), limitaciones físicas (tales como las distancias para llegar a los centros de ayuda o las condiciones climáticas), las restricciones burocráticas y la falta de gobernanza sobre la situación de Desplazados Internos (IDP, por sus siglas en inglés).

En Afganistán, el sistema de ayuda sigue careciendo de efectividad y no logra atender la realidad de las necesidades y de los derechos de la población. Acción contra el Hambre llamó la atención en dos ocasiones en la década pasada a través de los estudios de caso, y lo vuelve a hacer una tercera vez en esta ocasión. A pesar de enormes cantidades de ayuda, la situación en Afganistán continúa empeorando. La ayuda es incoherente con las realidades en el terreno y, en particular, hay una distinción demasiado grande las acciones humanitarias y de desarrollo. Para poder romper el ciclo de conflicto y hambre, es urgente que todos los actores asuman un enfoque integral de Nexus centrado en las necesidades de la población afgana al mismo tiempo que se garantice un espacio para una acción humanitaria basada en principios.

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Section: Técnicas
Área(s) temática(s) : Abogacía
Ubicación: Afganistán
Type: Caso de estudio
Langue(s) Inglés

Información clave



Autor: Anthony Neal
Año publicado: 2018
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